( Primera Parte. Segunda. Tercera. Cuarta. )
Me esforzaba por no cambiar mi ruta y pasar por los lugares exactos. A pesar de que tardaba cinco minutos en cruzar el parque hasta mi casa, empecé a demorarme hasta los veinticinco, e incluso los treinta. Mi madre al principio me preguntaba si me había pasado algo, luego pasó a la fase de regañinas por tardar tanto, finalmente se acostumbró como yo me acostumbré a tardarlos sin que me costara mucho.
En esos ratos, me dediqué a observar a los de mi alrededor y empecé a escribir lo que hacían en un pequeño cuaderno que, al principio, era para hacer ejercicios sintácticos a sucio, luego se convirtió en mi diario. Creo que nunca llegué a decírtelo, pero creo que así fue como supe que escribir era algo más que un hobby para mí. Cambiaste mi vida entera con apenas cinco minutos de la tuya, y creo que jamás llegarás a saber cuánto te lo agradezco.
Pasaron los meses, hice la prueba de acceso a la universidad y la aprobé con buena nota que pudo ser mejor aún si no hubiera dedicado tanto tiempo en fantasear sobre ti y lo que estarías haciendo, y a qué te dedicarías, y qué era lo que te apasionaba y a plasmarlo en ese cuaderno que aún guardo, y que te entregaré junto a esta carta. No me arrepiento, porque sé que fueron las horas desperdiciadas mejor aprovechadas de mi vida, y que gracias a ello conseguí mantener vivo tu recuerdo para que tiempo después aún me acordara de tus ojos, y poder reconocerte. Pero vuelvo a adelantar sucesos... vayamos por partes, siguiendo el curso de la historia.
Decidí matricularme en filología hispánica, adoraba escribir, las construcciones de las frases me absorbían, me obsesionaba la ortografía, no podía parar de devorar literatura y maravillarme con cada palabra nueva que aprendía; así que decidí que quería saber más de la lengua, lo quería saber todo. Y, aunque aún hoy no lo he conseguido, me sirvió de mucho.
El verano pasó volando y yo seguía yendo tantas tardes como podía al Parque, aunque dejó de ser para buscarte y empezó a tratarse de encontrarme a mí mismo. Con cada una de las personas que me cruzaba me sentía identificado aunque fuera en lo más mínimo.Me pasaba las horas allí escuchando conversaciones de gente ajena sin que sospecharan de mi descaro. Reflexionando, escribiendo, reflexionando otra vez, y siempre a la sombra de un roble viejo viendo las puestas de sol desde el mirador. Me acostumbré a la gente habitual del parque, y ellos a mí: me sonreían, intercambiábamos un par de palabras y seguíamos nuestros caminos.
Pero hubo una persona en particular a la que le cogí un especial cariño. Se trataba de Montés, de Hugo Montés. Te he contado alguna vez alguna de nuestras anécdotas, pero nunca de cómo le conocí.
jueves, 4 de junio de 2009
:)
Vámonos de fiesta tranquila. Una sangría, un Lucky, un par de bancos y risas.
No pido nada más.
Viva disfrutar el tiempo libre que en realidad nos e tiene. Viva el relax.
Hoy le pueden joder de lo lindo a los apuntes.
Hoy, soy libre.
Aunque sólo sea una ilusión pasajera.
(Y ya cuando vuelva subo la Carta, que no me olvido de que es jueves).
No pido nada más.
Viva disfrutar el tiempo libre que en realidad nos e tiene. Viva el relax.
Hoy le pueden joder de lo lindo a los apuntes.
Hoy, soy libre.
Aunque sólo sea una ilusión pasajera.
(Y ya cuando vuelva subo la Carta, que no me olvido de que es jueves).
Hoy se trata de
diario de una Lurilla Salvaje,
relajarse
Sé que puedo.
Vale. Estoy cagada. Cagada de verdad. Llevo en pie desde las 6 de la mañana, y anoche la última vez que mire el reloj eran las dos. Deje de mirarlo porque me cansé.
Me he levantado con el nivel de activación más alto que nunca, yo creo (exceptuando cuando de enana iba con mi padre y unos amigos al Pantano de San Juán, que esataba tan nerviosa que ni si quiera podía dormir). Me he repasado el temrio. Me lo sé. Me sé los malditos autores. Me lo sé todo. Es tipo test, no tendría pro qué bloquearme. Las 8:30 y algo me dice que salga YA de casa, pero no puedo, tengo la necesidad de encender el ordenador, poner algo de música, escirbir y relajarme. Relajarme. Joder.
Abro la capeta de música y tropocientos artistas me dicen que los elija a ellos. Paso de sus voces: sé lo que quiero: Marea a toda hostia y lavarme la cara, son las 8:30... los vecinos se quejarán... me da lo mismo, ellos me molestan a mí con sus obras. Estoy demasiado nerviosa como para escuchar algo tranquilo, ayer fue el día de Marwan y Jason Mraz, hoy toca caña.
Me pongo la camiseta de los exámenes que me desquician, me gusta su mensaje: Iros todos a tomar por culo. Marea y Extremoduro, no se puede pedir más.
Patricia, por ese Dios que se supone que hay y que te da igual, tranquilízate. ¿Patricia? ¿desde cuándo me llamo a mí misma Patricia? Nadie me llama así, sólo me gusta en una persona, y porque en su voz queda bien. Patry, tranquila. Todo va a salir bien: hoy vas a comerte al mundo, a Paco y a su examen. Lo puedo hacer.
Dale:
Me he levantado con el nivel de activación más alto que nunca, yo creo (exceptuando cuando de enana iba con mi padre y unos amigos al Pantano de San Juán, que esataba tan nerviosa que ni si quiera podía dormir). Me he repasado el temrio. Me lo sé. Me sé los malditos autores. Me lo sé todo. Es tipo test, no tendría pro qué bloquearme. Las 8:30 y algo me dice que salga YA de casa, pero no puedo, tengo la necesidad de encender el ordenador, poner algo de música, escirbir y relajarme. Relajarme. Joder.
Abro la capeta de música y tropocientos artistas me dicen que los elija a ellos. Paso de sus voces: sé lo que quiero: Marea a toda hostia y lavarme la cara, son las 8:30... los vecinos se quejarán... me da lo mismo, ellos me molestan a mí con sus obras. Estoy demasiado nerviosa como para escuchar algo tranquilo, ayer fue el día de Marwan y Jason Mraz, hoy toca caña.
Me pongo la camiseta de los exámenes que me desquician, me gusta su mensaje: Iros todos a tomar por culo. Marea y Extremoduro, no se puede pedir más.
Patricia, por ese Dios que se supone que hay y que te da igual, tranquilízate. ¿Patricia? ¿desde cuándo me llamo a mí misma Patricia? Nadie me llama así, sólo me gusta en una persona, y porque en su voz queda bien. Patry, tranquila. Todo va a salir bien: hoy vas a comerte al mundo, a Paco y a su examen. Lo puedo hacer.
Dale:
Hoy se trata de
diario de una Lurilla Salvaje,
escuchar,
relajarse
miércoles, 3 de junio de 2009
Cafeína.
Mucha. Demasiada. No puedo parar de moverme.
Estoy estudiando con tres tipos de apuntes diferentes, que dicen lo mismo con distintas palabras. Parezco tonta: cada vez que avanzo una página, paso tres. Lo bueno es que si no me entero de algo, siempre tengo dónde buscar. Lo malo, que me estoy volviendo majara... bueno, más.
Y esto no se ha acabado, ni mucho menos. Me quedan diez días (algo más si decido presentarme a Estadística II) para ser libre. ¿Conseguiré sobrevivir? I don't know. Lo que tengo claro es que el día 15 va a arder Troya, y Argüelles también. Bueno, sólo el TNT, que es lunes y es el único que está abierto. ¡Pero arderá! (y esto es gracioso porque se trata de TNT, que a veces explota y hace que las cosas ardan...[la falta de Eric hace que mis chistes sean cada vez peores y se asemejen a los suyos, debería preocuparme])
O.o Os vigilo.
Estoy estudiando con tres tipos de apuntes diferentes, que dicen lo mismo con distintas palabras. Parezco tonta: cada vez que avanzo una página, paso tres. Lo bueno es que si no me entero de algo, siempre tengo dónde buscar. Lo malo, que me estoy volviendo majara... bueno, más.
Y esto no se ha acabado, ni mucho menos. Me quedan diez días (algo más si decido presentarme a Estadística II) para ser libre. ¿Conseguiré sobrevivir? I don't know. Lo que tengo claro es que el día 15 va a arder Troya, y Argüelles también. Bueno, sólo el TNT, que es lunes y es el único que está abierto. ¡Pero arderá! (y esto es gracioso porque se trata de TNT, que a veces explota y hace que las cosas ardan...[la falta de Eric hace que mis chistes sean cada vez peores y se asemejen a los suyos, debería preocuparme])
O.o Os vigilo.
Hoy se trata de
diario de una Lurilla Salvaje,
tonterías
¡Aaaaaaaaaah!
Hoy, en honor a Raquelilla, Julita, Fanniuska y la fauna en general con la que me junto esas maravillosas noches de fiesta (cuando se puede), le pongo este título a esta entrada.
Hace casi un mes desde que dijera "aaaah" y se convirtiera en un hito porque a Raquel le resultó gracioso que lo hiciera al encontrarme con un hombre que me cerraba el paso en vez de actuar como una persona normal y decir: "disculpe, ¿me deja pasar?". No va con exclamaciones, porque no es algo gritado, es sólo un "aaaaah", aunque según Raquel era "¡aaaah!", yo sigo manteniendo que no lo era. Es algo que digo cuando me agobio (cosa que, por otra parte, no es muy difícil). Ahora estoy agobiada, porque la vagancia ha vuelto, y la temo. Pero en un rato me pongo a solucionarlo.
El caso (bueno, el caso ahora, porque al principio no iba a escribir sobre esto, pero me parece más interesante que el tema inicial) es que estoy reflexionando acerca de la fauna anteriormente nombrada y las curiosas formas que pueden llegar a formarse cuando se está en un grupo medianamente cerrado.
Por ejemplo, si estoy por ahí, y sale una conversación sobre las cosas importantes de la vida, es probable que estando con Fanny, Raquel, Julia, Esther o Pili, dijera: "pene erecto" y que todas nos riéramos de lo lindo, claro que esto quedaría muy fuera de lugar en una situación normal porque nadie entendería la coña y sólo se vería mi depravación; aunque mi cabeza es capaz de entenderlo, así que me lo callaría.
Pero hay ciertas cosas,sobre todo gestos, que están automatizadas. No sería la primera vez que santiguara un mini a punto de acabarse y alguien levantara una ceja y pensara para sus adentros "pobrecita, chiflada perdida", pero ese gesto es incluso requerido si están Dedi, Álvaro o Rubio delante.
Y ya no hablamos de las coñas y referencias universitarias. Si digo "me voy a estudiar las ratas" (cosa que, por cierto, debería estar haciendo en vez de esto)probablemente sólo me entendiesen los de mi clase, y ni si quiera todos ellos.
¿Que a donde quiero llegar con todo esto? A que la vida sería mucho más maravillosa si hubiese un modo universal (véase internet)de poner en común todas estas particularidades para que nadie se sintiera extrañado (o en peligro al haberse puesto ante un loco) cuando alguien dice algo así.
Aunque, por otro lado, me gustan este tipo de coñas internas que pueden parecer conspiratorias desde fuera.
En fin, voy dejando esto, buscando las ganas para estudiar y optimistizarme, o como diría Blanca que hago, voy a merendarme a un par de jipis.
Hace casi un mes desde que dijera "aaaah" y se convirtiera en un hito porque a Raquel le resultó gracioso que lo hiciera al encontrarme con un hombre que me cerraba el paso en vez de actuar como una persona normal y decir: "disculpe, ¿me deja pasar?". No va con exclamaciones, porque no es algo gritado, es sólo un "aaaaah", aunque según Raquel era "¡aaaah!", yo sigo manteniendo que no lo era. Es algo que digo cuando me agobio (cosa que, por otra parte, no es muy difícil). Ahora estoy agobiada, porque la vagancia ha vuelto, y la temo. Pero en un rato me pongo a solucionarlo.
El caso (bueno, el caso ahora, porque al principio no iba a escribir sobre esto, pero me parece más interesante que el tema inicial) es que estoy reflexionando acerca de la fauna anteriormente nombrada y las curiosas formas que pueden llegar a formarse cuando se está en un grupo medianamente cerrado.
Por ejemplo, si estoy por ahí, y sale una conversación sobre las cosas importantes de la vida, es probable que estando con Fanny, Raquel, Julia, Esther o Pili, dijera: "pene erecto" y que todas nos riéramos de lo lindo, claro que esto quedaría muy fuera de lugar en una situación normal porque nadie entendería la coña y sólo se vería mi depravación; aunque mi cabeza es capaz de entenderlo, así que me lo callaría.
Pero hay ciertas cosas,sobre todo gestos, que están automatizadas. No sería la primera vez que santiguara un mini a punto de acabarse y alguien levantara una ceja y pensara para sus adentros "pobrecita, chiflada perdida", pero ese gesto es incluso requerido si están Dedi, Álvaro o Rubio delante.
Y ya no hablamos de las coñas y referencias universitarias. Si digo "me voy a estudiar las ratas" (cosa que, por cierto, debería estar haciendo en vez de esto)probablemente sólo me entendiesen los de mi clase, y ni si quiera todos ellos.
¿Que a donde quiero llegar con todo esto? A que la vida sería mucho más maravillosa si hubiese un modo universal (véase internet)de poner en común todas estas particularidades para que nadie se sintiera extrañado (o en peligro al haberse puesto ante un loco) cuando alguien dice algo así.
Aunque, por otro lado, me gustan este tipo de coñas internas que pueden parecer conspiratorias desde fuera.
En fin, voy dejando esto, buscando las ganas para estudiar y optimistizarme, o como diría Blanca que hago, voy a merendarme a un par de jipis.
Hoy se trata de
diario de una Lurilla Salvaje,
tonterías
lunes, 1 de junio de 2009
Carta a Nuestra Memoria (IV)
Y aquí está la cuarta entrega, con mucho retraso, pero con un nuevo planing bajo el brazo (véase ESTO). Por si alguien se pierde, puede empezar a leer AQUÍ (bajando hasta que veáis la primera).
Desde aquel día, pasé todas las tardes más o menos por el mismo lugar cuando volvía a casa, buscándote para poder descubrir algo más de ti, me obsesioné con tu mirada, y durante un tiempo sólo quise volver a verla, sobre cualquier otra cosa. Ahora que lo pienso detenidamente, era un poco absurdo buscarte: en realidad buscaba esos ojos y un color de vestido, porque no me había fijado en otra cosa. No sabía cómo era tu pelo, ni la forma de tu cara. Pero sabía que tenías un vestido rojo de manga francesa, y unas sandalias blancas de verano, y sabía que en cuanto te viera, sabría inmediatamente que eras tú.
Al octavo día de pasar por allí 'casualmente', tenía tan pocas esperanzas de encontrarte que me concentré en los granitos de arena que saltaban a mi paso. Adoro las coincidencias desde que te conozco, siempre me ha parecido que estaban de nuestro lado, que nos tenían simpatía, y así fue como te vi por segunda vez: tú me encontraste a mí.
Sentí que un hombre me llamaba dándome un toque en el hombro y diciendo 'perdona'con voz ronca. Al darme la vuelta, lanzando al aire con desgana una pregunta sin vocales llena de emes y haches, me encontré con tus ojos y los míos se abrieron de golpe, mientras que tú, muy tranquila, sólo sonreíste.
No podía apartar mi vista de ti, y esta vez me cuidé de recordarte bien: tus facciones suaves de mandíbula cuadrada, tus pómulos altos y rosados, la nariz con la curvatura perfecta y terminada en esa puntita redonda que tanto me gusta, los labios gruesos y delicados que estaban dibujando una sonrisa sólo para mí, el pelo moreno y rizado recogido en una desordenada coleta que caía sobre tu hombro derecho, dejando ver el cuello fino... todo. El chico que te acompañaba, volvió a dirigirse a mí algo impaciente:
-Perdona...
Giré rápido mi cabeza hacia él, esperando que no se percatara de que te estaba mirando.
-¿No tendrás un mechero? - dijo él, amable.
Negué con la cabeza, incapaz de decir nada. Yo aún no fumaba, eso también fue cosa tuya.
Él empezó a alejarse diciendo un 'gracias' fugaz. Mis ojos lo veían todo muy rápido y mi cerebro lo procesaba todo muy lentamente. Cuando me di cuenta de tu lejanía, de que podía no volver a verte, reaccioné.
-¡Eh! ¡Espera! -los dos os girasteis hacia mí -¡Dime cómo te llamas!
Os acercasteis el par de pasos que os habíais alejado. Tu acompañante, sin entender nada, levanto una ceja. Tú, que entendías algo más, sonreíste sin decir nada: te parecía divertida la escena. Él frunció el ceño y dijo con una mezcla de curiosidad y mosqueo:
-Pablo, ¿por qué?
Juro que pocas veces he pasado más miedo por un dolor físico que entonces.Pablo era un chico de un metro noventa y pico, con los hombros tan cuadrados como a un ser humano se lo permiten las leyes de la naturaleza; y yo sólo era un escuálido chico quince centímetros más bajo que él y sin ningún valor. Y me estaba interesando por su novia en sus narices. Ya te he dicho que solía pensar mucho, y en ese momento, mi razonamiento fue el siguiente: "si digo que él no me interesa, probablemente acabe comiéndome la arena que acabo de pisar. Si lo dejo así, se irán y yo no sabré el nombre de ella nunca. ¿Merecerá la pena?". Mis pensamientos estaban a punto de entrar en un círculo sin salida cuando tú, por primera vez, me sacaste de un apuro.
-Yo soy Alba, su hermana.
Sentí cómo el aire volvía a mis pulmones tras una larga ausencia y solté una carcajada, tal vez fuera una carcajada nerviosa, pero carcajada fue. Tú me acompañaste de un modo más suave. Pablo seguía sin comprender del todo, nos miraba primero a uno y luego a otro; sabiendo ahora cómo era, estoy casi seguro de que sospechó más o menos qué pasaba, sin mucho margen de error para equivocarse. Cuando al fin me calmé, pude hablar:
-Me llamo Jaime. Bueno, así sólo me llaman mis padres, el resto del mundo me llama Yin. Y... no estoy loco. Sólo me gusta saber el nombre de la gente que me pide cosas -me di cuenta de pronto de que había hablado mucho y muy rápido, así que me callé, avergonzado.
-A-já -dijo tu hermano, con lo que yo interpreté vergüenza ajena -nosotros nos íbamos, ¿eh?
-Entiendo. Yo también. Y, sólo por si queréis pedirme algo más, paso por aquí todos los días, sobre las 4 y las 9 de la tarde.
Sonreí y me di la vuelta deseando que la tierra cobrara vida, una vida con dientes, sólo para tragarme. También me hubiera servido que el lago hubiera decidido moverse para ponerse a mis pies, y caer en él para morir ahogado.
Aunque, a decir verdad, hoy agradezco que no lo hicieran. Me gusta cómo he vivido mi vida.
Desde aquel día, pasé todas las tardes más o menos por el mismo lugar cuando volvía a casa, buscándote para poder descubrir algo más de ti, me obsesioné con tu mirada, y durante un tiempo sólo quise volver a verla, sobre cualquier otra cosa. Ahora que lo pienso detenidamente, era un poco absurdo buscarte: en realidad buscaba esos ojos y un color de vestido, porque no me había fijado en otra cosa. No sabía cómo era tu pelo, ni la forma de tu cara. Pero sabía que tenías un vestido rojo de manga francesa, y unas sandalias blancas de verano, y sabía que en cuanto te viera, sabría inmediatamente que eras tú.
Al octavo día de pasar por allí 'casualmente', tenía tan pocas esperanzas de encontrarte que me concentré en los granitos de arena que saltaban a mi paso. Adoro las coincidencias desde que te conozco, siempre me ha parecido que estaban de nuestro lado, que nos tenían simpatía, y así fue como te vi por segunda vez: tú me encontraste a mí.
Sentí que un hombre me llamaba dándome un toque en el hombro y diciendo 'perdona'con voz ronca. Al darme la vuelta, lanzando al aire con desgana una pregunta sin vocales llena de emes y haches, me encontré con tus ojos y los míos se abrieron de golpe, mientras que tú, muy tranquila, sólo sonreíste.
No podía apartar mi vista de ti, y esta vez me cuidé de recordarte bien: tus facciones suaves de mandíbula cuadrada, tus pómulos altos y rosados, la nariz con la curvatura perfecta y terminada en esa puntita redonda que tanto me gusta, los labios gruesos y delicados que estaban dibujando una sonrisa sólo para mí, el pelo moreno y rizado recogido en una desordenada coleta que caía sobre tu hombro derecho, dejando ver el cuello fino... todo. El chico que te acompañaba, volvió a dirigirse a mí algo impaciente:
-Perdona...
Giré rápido mi cabeza hacia él, esperando que no se percatara de que te estaba mirando.
-¿No tendrás un mechero? - dijo él, amable.
Negué con la cabeza, incapaz de decir nada. Yo aún no fumaba, eso también fue cosa tuya.
Él empezó a alejarse diciendo un 'gracias' fugaz. Mis ojos lo veían todo muy rápido y mi cerebro lo procesaba todo muy lentamente. Cuando me di cuenta de tu lejanía, de que podía no volver a verte, reaccioné.
-¡Eh! ¡Espera! -los dos os girasteis hacia mí -¡Dime cómo te llamas!
Os acercasteis el par de pasos que os habíais alejado. Tu acompañante, sin entender nada, levanto una ceja. Tú, que entendías algo más, sonreíste sin decir nada: te parecía divertida la escena. Él frunció el ceño y dijo con una mezcla de curiosidad y mosqueo:
-Pablo, ¿por qué?
Juro que pocas veces he pasado más miedo por un dolor físico que entonces.Pablo era un chico de un metro noventa y pico, con los hombros tan cuadrados como a un ser humano se lo permiten las leyes de la naturaleza; y yo sólo era un escuálido chico quince centímetros más bajo que él y sin ningún valor. Y me estaba interesando por su novia en sus narices. Ya te he dicho que solía pensar mucho, y en ese momento, mi razonamiento fue el siguiente: "si digo que él no me interesa, probablemente acabe comiéndome la arena que acabo de pisar. Si lo dejo así, se irán y yo no sabré el nombre de ella nunca. ¿Merecerá la pena?". Mis pensamientos estaban a punto de entrar en un círculo sin salida cuando tú, por primera vez, me sacaste de un apuro.
-Yo soy Alba, su hermana.
Sentí cómo el aire volvía a mis pulmones tras una larga ausencia y solté una carcajada, tal vez fuera una carcajada nerviosa, pero carcajada fue. Tú me acompañaste de un modo más suave. Pablo seguía sin comprender del todo, nos miraba primero a uno y luego a otro; sabiendo ahora cómo era, estoy casi seguro de que sospechó más o menos qué pasaba, sin mucho margen de error para equivocarse. Cuando al fin me calmé, pude hablar:
-Me llamo Jaime. Bueno, así sólo me llaman mis padres, el resto del mundo me llama Yin. Y... no estoy loco. Sólo me gusta saber el nombre de la gente que me pide cosas -me di cuenta de pronto de que había hablado mucho y muy rápido, así que me callé, avergonzado.
-A-já -dijo tu hermano, con lo que yo interpreté vergüenza ajena -nosotros nos íbamos, ¿eh?
-Entiendo. Yo también. Y, sólo por si queréis pedirme algo más, paso por aquí todos los días, sobre las 4 y las 9 de la tarde.
Sonreí y me di la vuelta deseando que la tierra cobrara vida, una vida con dientes, sólo para tragarme. También me hubiera servido que el lago hubiera decidido moverse para ponerse a mis pies, y caer en él para morir ahogado.
Aunque, a decir verdad, hoy agradezco que no lo hicieran. Me gusta cómo he vivido mi vida.
Vagancia.
Mi vagancia ha llegado a tal punto que creo que ha pasado algo raro. Una especie de Big Bang a la inversa, o sea, una Gran Implosión: se ha expandido sin freno durante 18 años, lentamente, y ha llegado ya a su punto máximo, de modo que ahora se han recogido pequeños fragmentos de ganas de trabajar y éstas están más o menos juntas. Bueno, entiéndaseme... no es que me apetezca, es que he entrado en consciencia, y de lo que tengo realmente ganas es de disfrutar del verano sin preocupaciones extra. Yo lo traduzco como "ganas de trabajar".
Aquí traigo la prueba: son algo más de las 9 de la mañana y estoy en pie, desayunada y espabilada, dispuesta a ducharme para estudiar relajada y oliendo a rosas, sin querer postergarlo más. Pero eso no es todo. He decidido, antes de ponerme a hacer cosas útiles de verdad, pasar al ordenador y subir otra entrega de Carta a Nuestra Memoria (que en un rato aparecerá ahí arriba). Y, por si fuera poco, me he puesto un par de días a la semana para ir subiendo la Carta: los lunes y los jueves serán los días, hasta que se me acabe el chollo.
Y ya me despido, que tengo muchas cosas que hacer y ganas de hacerlas.
Por altgún motivo me siento rara, pero renovada y optimista
Aquí traigo la prueba: son algo más de las 9 de la mañana y estoy en pie, desayunada y espabilada, dispuesta a ducharme para estudiar relajada y oliendo a rosas, sin querer postergarlo más. Pero eso no es todo. He decidido, antes de ponerme a hacer cosas útiles de verdad, pasar al ordenador y subir otra entrega de Carta a Nuestra Memoria (que en un rato aparecerá ahí arriba). Y, por si fuera poco, me he puesto un par de días a la semana para ir subiendo la Carta: los lunes y los jueves serán los días, hasta que se me acabe el chollo.
Y ya me despido, que tengo muchas cosas que hacer y ganas de hacerlas.
Por altgún motivo me siento rara, pero renovada y optimista
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