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viernes, 19 de junio de 2009

Sinónimos.

Dificultoso, arduo, complicado, complejo, engorroso, embrollado, enrevesado, intrincado, comprometido, apurado, embarazoso, delicado, espinoso, imposible, inaccesible, irrealizable, laborioso, penoso, fatigoso, trabajoso, agotador, duro, achuchado, afanoso.

Definitivamente, no me gusta la palabra difícil, ni todo lo que ella conlleva.


Sencillo, elemental, tirado, claro, corriente, factible, evidente, obvio, simple, asequible, comprensible, cómodo, confortable, tranquilo.

La palabra fácil es más bella.


Es curioso que a menudo ambos conceptos, a pesar de que digan que son antónimos, coinciden en muchas situaciones... ¿o porque algo sea arduo no significa que no pueda ser sencillo? y a mí me parece que lo más comprometido, suele ser elemental.

lunes, 8 de junio de 2009

Esperanza.

Hoy me siento un poco inspirada, y supongo que es la presión de tener que hacer lo que no se quiere hacer, pero es que no importa ahora mismo el por qué (raro en mí), sólo me apetece aprovecharlo, ya que no hago nada de provecho.

Dejo que mi imaginación vuele y pienso en columnas de humo. Me acaba de venir a la cabeza la imagen de mí misma escribiendo en un paseo a las 8 de la mañana de un día de agosto, con mucho frío, irónicamente. Ese día hice esta misma analogía: mi pensamiento como columnas de humo, colocarse sin tener sustancia, y vivir.

Vivir, qué gran sensación la de sentirse vivo, y tener por lo que hacerlo.

Es curioso cómo los planes cambian tanto, y cómo cada día me cercioro más de que la certeza es un lastre. Tener seguridad en algo es sólo una ilusión para amortiguar el golpe. Yo prefiero la realidad, siempre la preferí. Y aquí habría gente que me preguntara por la esperanza. Pero ¡ay! qué cansada estoy ahora mismo como para ponerme a hablar de esperanza. La esperanza es sólo eso: esperanza, un estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos (eso dice la RAE). Yo prefiero no esperar, por si acaso lo posible se torna en la misma palabra con im- delante. Hace ya mucho que aprendí a no depender de ella. Y no es que sea pesimista, soy realista: me forjo lo mío con lo mío. Nadie más que yo puede hacer posible algo. Si tengo esperanzas, no será porque nadie me la dé, o porque algo incorpóreo diga que la tengo que tener; si tengo esperanza, será porque mis pasos son los correctos para conseguir algo.
Pero no soy la única persona del mundo (para mi desgracia, muchas veces; para mi gracia, muchas otras) así que no lo puedo basar todo sólo en mis actos. El resto de personas también pueden hacer con sus actos que mi camino se desvíe, que al observarlos decida algo totalmente diferente de lo que tenía pensado. Por eso no se puede decir que nuestras opiniones van a ser las mismas siempre. Porque puede pasar algo que nos haga cambiar de parecer, y nos tengamos que comer las palabras (yo lo he hecho alguna vez, y, la verdad, es que es bastante seco, se hacen pasta en la boca y duele al tragarlas).
Los más cercanos a mí saben que no suelo decir la palabra "siempre" si ésta se refiere al futuro. Es como cuando veo a alguien decirle a otro alguien que le quiere "por, para y durante siempre". Puede desearse, pero no puede asegurarse. No. Todo en esta hay vida hay que cultivarlo y regarlo cada poco, no se puede dejar a merced del tiempo y pensar que se va a solucionar todo solo. Y, a pesar de que uno se esfuerce, puede que desde el otro lado algo pase. Y, entonces, ¿qué? ¿lloramos? ¿porque pensábamos que sería eternamente?

Somos presos de nuestras palabras, esas metáforas gastadas, que decía aquél.

Y no me creo las ganas que tengo de tumbarme en un parque, con una barrita de esas que hacen risa, ver cómo pasan las nubes sobre mi cabeza, y hablar de cosas importantes hasta quedarme afónica. Tengo esperanza en que ocurra de aquí a una semana. Y, hasta entonces, hago exámenes sonriendo como una imbécil.


(PD: Hoy no hay Carta. A no ser que a última hora me apetezca subirla. No creo.)

jueves, 21 de mayo de 2009

La gente normal se podía morir, lala-lala-lala-la-lá.

Yo siempre he pensado que era una persona completamente normal. He sido así toda mi vida, ¿por qué iba a ser yo la rara? Lo raro debía de ser el resto del mundo porque es lo que es diferente... a mí.
Después de muchos años y muchas charlas descubrí que no, no soy normal. Bueno, qué se le va a hacer. Se sobrelleva como se puede, caminando por ahí y conociendo gente a la que "lo normal" le parece tan extraño como a mí. Por Buda que no hablo de la gente que mea un árbol por ser antisistema. Me refiero, más bien, a esa gente que piensa y reflexiona sobre el mundo y se da cuenta de que las cosas no andan bien, de que al mundo le falta un hervor y un poquito de corazón.
"Todos somos diferentes en nuestra igualdad" rezan los más progresistas. Se plantean eso de la igualdad como si fuera su biblia, bajo estandartes y banderitas de uno u otro sistema político que... bueno, no suelen corresponderse con lo que dicen, al menos históricamente, aunque no seré yo quien hable de historia, preferí siempre la filosofía. ¿qué música escuchas? ¿qué ropa usas? ¿de qué equipo eres? ¿y tu partido político? Puedo contestar a eso sin mucha precisión: música, ropa, de ninguno, ninguno me convence lo suficiente como para decir que es mío.
Nunca he sabido decir qué soy, y estoy orgullosa de ello. Las etiquetitas no van conmigo, pero no por ser inetiquetable, sino porque no sé qué etiqueta ponerme. Soy muchas cosas: soy Patricia, soy mujer, soy universitaria, soy castaña (o rubia, o castaña clara, lo que queráis); soy irónica, apasionada, y un poco cursi, soy sincera, soy libre; soy melómana, soy una lectora empedernida, y una escritorcilla; practico el llevar la contraria como deporte y diversión, soy humilde cuando toca serlo, aunque también puedo ser lo más ególatra que te puedas echar a la cara; lujuriosa, gulosa, avariciosa, perezosa, iracunda, envidiosa y soberbia; soy agnóstica y creo en la Vida; soy dulce y guapa o grosera y horrenda (depende de a quién preguntes); soy de un humano que asusta e inhumanamente despiadada verbalmente hablando; pensante, redundante y, metafóricamente hablando, una metáfora. Soy rara y eso es lo más normal que tengo.

Esto resume una parte de lo que soy y pienso. Dadle al play, y dejad de hacer preguntas que no sé contestar:

viernes, 15 de mayo de 2009

Ribadesella.


Pies descalzos pisando la arena pedregosa. El agua le acariciaba las puntas de los dedos. Su imagen en el reflejo era perfectamente nítida. Nunca se había parado a pensar lobonita que podía ser su sonrisa, pero tampoco le extrañó: nunca nadie se fijaba en él, ¿por qué iba a hacerlo él mismo? La mochila al hombro le pesaba, pero estaba tan maravillado con lo que tenía ante sí que no pensó en soltarla en ningún momento.
La cabeza le daba vueltas. Unas vueltas que se le antojaron cómodas. No quería salir del trance, nunca. Pero sabía que tendría que volver al monstruo de asfalto y contaminación, algún día.
Se dio por vencido, y se sentó frente al rugido de las olas. Los pantalones se le mojaron con la arena húmeda, pero nada podía perturbarle. Se sintió fuerte. Fuerte e insignificante a la vez. Apretó los puños y lanzó un juramento en silencio a los pájaros que dibujaban con sus alas el atardecer.
Cuando el agua empezó a salpicarle la cara con cada sacudida decidió que era hora de regresar.

Seis horas de viaje para ver el mar durante dos horas, y algunos le llamaban loco. Otras seis de vuelta para volver al cementerio de almas que llamaba ciudad, y le aplaudían. Ahora tenía claro que él no era el desequilibrado.
El motor rugía. Dejaba su hogar atrás, pero volvería. Lo había prometido.



Qué difícil es vivir en un sitio que odias y a la vez amas. Qué difícil es sentir que tu tierra es otra, pero que no podrás salir jamás de ese cementerio en el que vives y al que estás demasiado unido.

sábado, 10 de enero de 2009

Nieve.

Una bonita estampa de frío hasta los huesos que en mí hace el efecto inverso: hace que mi alma entre en calor. Me enternece ver a las abuelas diciendo que no recordaban una nevada así en Madrid a sus hijas, mientras éstas sonríen viendo cómo la tercera generación juega a construir figuras de nieve; con mofletes rosaditos, que es lo único que se les ve entre abrigos, manoplas, bufandas, orejeras y gorros.
Salir a la calle con la música clavándose en los oídos por no querer que el ruido de los coches estropee la escena que no se merecen. Todo blanco, puro. Y que en el aleatorio salga la canción que resume y expresa exactamente cómo son mis pensamientos. Y es que ya no queda nada en que pensar, he podido despistar al miedo y no quiero despertar.


sábado, 29 de noviembre de 2008

U-hú.

Me encanta eso de sentirme bien, bien, bien. Realmente bien. Con la alegria de haber superado un examen que pensaba imposible. Con fuerzas renovadas para seguir haciendo esto que me gusta. Con ganas de seguir con todo lo que me motiva, y de paso conocer gente que cada día me merece más la pena. No sólo hablo de las clases, también de la impro, de los colegas, de mí misma. Estoy con ganas de cantar esta canción a grito pelao, en medio de la Plaza de Callao en hora punta.