miércoles, 5 de agosto de 2009

De mi perfección.

Algo que me jode muchísimo es que me digan que soy perfecta (sí, bueno, puede parecer algo increíble, pero alguna vez me lo han dicho). Me molesta muchísimo elevado al infinito, más o menos.

No sólo porque soy una de esas personas que piensan que la perfección no existe (y si soy perfecta, entonces no existo, pero, tonterías aparte...), sino porque no lo soy. Así de simple: no soy perfecta. Me da por enfadarme y soy un demonio con cuernos que antes no se veían por ningún lado, egoísta, borde, calculadora y fría. Meto la pata constantemente, a pesar de todo el empeño que pueda poner en lo contrario, es que soy torpe hasta el extremo. Me enervo fácilmente, y ni se te ocurra comprobarlo mirándome fijamente durante mucho tiempo, llamando mi atención con tu dedo insistente en mi hombro o mintiéndome en la cara, porque te aseguro que entenderás que lo que trato de decir: mi límite de paciencia para ciertas cosas está al nivel de los tobillos. Cuando tengo que decir la verdad, suele darme lo mismo dañar, la verdad es la verdad, y duele, pero es lo que hay: o la afrontas o eres débil; y si eres débil... no creo que seas mucho de mi agrado, no soporto a los que lloran con cada uno de los golpes, y no quiero decir que no se pueda llorar, que yo he llorado como la que más... pero este no es el tema de hoy: quien quiera entender, que entienda; el que no quiera, que me malinterprete y el que quiera entender y le cueste, que lea a Niezstche sin escuchar los prejuicios que lo llaman nazi.

Por si fuera poco, a parte de esos pocos defectos descritos ahí arriba 8una mínima parte de una gran lista), estoy pasando por una época ácida, muy ácida. Hastío, podríamos llamarlo. Tengo los sentimientos a flor de piel, igual me da por reír a carcajadas durante horas como me da por no hacerme ni puta gracia nada de lo que nadie pueda decir y me pongo seria de pronto por una palabra que alguien ha dicho y de la que ya no se acuerda... y lo pago con todo el mundo, con unos más que con otros.
Si esto es ser perfecta, debo de ser la persona más perfecta que existe. Pero sospecho que la definición de perfecta no incluye tantos puntos malos e inestables.

Dejemos algo claro: no me importa que me halaguen (no voy a ser tan hipócrita diciendo eso), no me importa que de vez en cuando caiga en gracia a alguien porque ha visto mi parte buena. También me gusta de vez en cuando que me echen un piropo o que barran un poco los defectos para fuera, pero sabiendo que están ahí. Lo que me importa es que sólo con ver la parte buena se juzgue a una persona, y me molesta tanto o más que siendo al revés, juzgando a una persona por su parte mala. En esta vida, las monedas tienen dos caras, y nadie debería decidir que una moneda es bonita sin haber visto su cruz.

Si alguien se va a atrever a dar un juicio sobre mí, que se moleste en conocerme. Que sopese si lo bueno compensa a lo malo. Para unas personas será así, para otras lo malo será motivo de salir corriendo y no volver la vista atrás. Estupendo, pero que nadie diga (ni de mí, ni de nadie) que una persona es completamente asquerosa, o completamente perfecta.

Espero haberme explicado con claridad.

1 comentario:

Patricia dijo...

Tía, qué crack!
Eres perfecta!!


xDD